Adiós. Confesiones para esos “amigos pequeños”, esos alumnos con los que he compartido tanto.
Sabéis que hoy ha sido un día difícil. Un día en el que hemos recordado y en el que hemos compartido abrazos y lágrimas. Para mí han sido tres años, tres años inolvidables que hoy han tocado a su fin. Hoy, cuando cogía la llave para entrar en el instituto no podía evitar pensar que era el último día que pasaría por esos pasillos llenos de alumnos, llenos de esa gente (con nombre y rostro) con los que he tenido la suerte de vivir tanto. Hoy para mí es un día amargo. Así es y, en honor a la verdad, me alegro de que sea así, porque es señal de que el trabajo ha merecido la pena. Como hoy os decía a algunos, el día que no consiga que mis alumnos disfruten, el día que me dé cuenta de que solo han aprendido Historia y el día que no me entristezca el dejarlos, ese día habrá llegado el momento de dejar la enseñanza. Gracias a Dios (¡¡¡¡Gracias!!!!) ese día lo veo, sinceramente, cada vez más lejos. No sé cuánta historia habrán aprendido, pero con los que he podido compartir tantas historias de las que sí que espero hayan aprendido
Cuando os miro a los ojos, veo que hay tanto que daros, que es posible hacer tanto, hablar tanto, dar tanto… Miro atrás y no puedo más que darme cuenta de que me quedó mucho por hacer, que no pude rescatar a más, que a algunos no supe llegar lo suficiente. Lo siento. Lo hice lo mejor que supe, aunque no siempre supe lo suficiente. Perdón.
Eso sí, hoy me voy comprobando como una vez más ocurrió el milagro. Cómo se cumplió lo que pensé cuando os vi por primera vez. Entré en silencio en clase y uno por uno os miré a los ojos antes de articular palabra y con una sonrisa pensé: “míralos, ellos no saben lo que yo sí sé: que cuando llegue junio, no sé cómo ocurrirá, pero cada uno de ellos será especial para mí y yo para ellos; que cuando llegue junio nos dolerá despedirnos y lo haremos, al menos yo, entre lágrimas”.
Espero que hagáis lo que hagáis en la vida lo hagáis con ilusión, pero, sobre todo, entregándote, dándote a los demás. Darse, darse, darse: no hay otro camino en la vida.
Espero que hagas lo que hagas mantengas la ilusión y lo hagas con pasión.
No espero de ti que seas rico, presidente o director. Espero, sencillamente, que cuando vuelva a saber de ti, me hablen de alguien verdadero, de alguien honesto, de alguien entusiasta, de alguien que, cuando no está, se echa mucho de menos. Solo eso. ¿Para qué más?
Como sabéis, antes fui aquel maestro de Infantil que estuvo durante casi veinte años sencillamente jugando a piratas, siendo el Capitán de tripulaciones y tripulaciones de piratas.
Y ahora en Secundaria vuelvo a sentirme del mismo modo: el Capitán de otros nuevos piratas aventureros que tienen todo un mar por delante por surcar y descubrir.
Llegué con una mochila llena pero me voy hoy con maletas y maletas llenas y rebosantes de trozos de todos vosotros. Me voy con mucho más de lo que llegué. Al final, me llevo tanto que pienso que lo mío es puro egoísmo, porque tengo la sensación de recibir más de lo que doy.
Ya sabéis que la memoria no es mi fuerte. Por Dios, si me ves no dejes de saludarme. Recuérdame tu nombre: “Soy Fulano, del Monroy”. Y si aún así no soy capaz de situarte, no me lo tengas en cuenta. Nunca pienses que no me importaste. Lo que vivimos fue verdad, lo que vivimos ES verdad.
Un abrazo, un fuerte, fuerte abrazo. Siempre vuestro. Vuestro Capitán.
