
El segundo de la dinastía de los Austrias es Felipe II. Es hijo de Carlos I y compartirá con él algunos parecidos y tendrá algunas diferencias.
Entre las diferencias destaca el enfoque de la política interior: así como Carlos I siempre fue un rey considerado como extranjero, muy preocupado por los asuntos exteriores, imperiales, y nada centrado en los asuntos de España, Felipe II sí que se sentía plenamente español y dio prioridad a los asuntos del reino, a los asuntos de la política interior.
Entre los parecidos destacan sus motivaciones en la política exterior: a ambos les movió en sus actuaciones europeas la defensa de su autoridad, de la hegemonía en Europa, y la defensa del catolicismo.
Así, su poderoso reinado estuvo repleto de luces y sombras.
Entre las luces destacar la fortaleza de la administración y organización del Estado y el papel de España en la esfera internacional, en la que tuvo que hacer frente a multitud de conflictos, ya que las grandes potencias europeas lo retaban constantemente.
En lo exterior, sin duda, los mayores éxitos fueron la anexión de Portugal, la victoria sobre Francia (San Quintín) y sobre los turcos (Lepanto).
Las sombras, no obstante, vinieron del norte: el conflicto nunca resuelto en Flandes y la derrota de la Armada Invencible, que significó el comienzo de la hegemonía inglesa en los mares y el crecimiento de la siempre acechante Francia, que tomará el relevo de la primacía continental en el siglo XVII.

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