En el siglo XVII todo va cambiando. La llegada de metales preciosos va disminuyendo progresivamente (las minas se van agotando), a igual que el comercio con América (las colonias se van desarrollando y cada vez necesitan menos los productos españoles).
En el siglo XVII la Guerra de los Treinta años certificará la decadencia de España y nos señalará qué país es la nueva gran potencia: Francia.

Francia será la cuna de una nueva forma de entender la política: la monarquía absoluta. Se trata de una monarquía de derecho divino; el rey ostentará todo el poder que le vendrá directamente de Dios y, por tanto, a nadie tendrá que rendir cuentas sino solo a Dios.
El monarca absoluto por excelencia será el francés Luis XIV. Luis XIV dejará las finanzas del Estado en manos de Colbert que defenderá una teoría económica: el mercantilismo. El mercantilismo se basa en una idea: la economía de un Estado depende de la acumulación de metales preciosos. Y para poder desarrollar esa idea, el mercantilismo defiende que la economía debe fomentar dos acciones: comprar lo menos posible y vender lo más posible. Es decir: se trata de reducir al máximo las importaciones y aumentar las exportaciones.

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