
Caravaggio, al parecer, fue un tipo un tanto iracundo y con un carácter difícil. Muchas veces tuvo dificultades a cuenta de eso, pero también a cuenta de la novedad de su arte. Para los religiosos de la época les resultaba difícil entender el realismo de sus santos, vírgenes y cristos, porque rayaban en la vulgaridad.
Ya tuvo problemas con su Crucifixión de San Pedro, por la postura excesivamente realista y vulgar del personaje del primer plano: poco reverente era esa postura de espaldas y mostrando sus posaderas. Parecía no llamar a la piedad.

Peor suerte incluso tuvo su lienzo La muerte de la Virgen, fue rechazado por los carmelitas que lo habían encargado al llegar a sus oídos la noticia que circulaba Roma: que Caravaggio, para darle realismo al cuadro, había utilizado como modelo de la Virgen nada menos que el cadáver de una prostituta que había aparecido flotando en el río Tiber. Además había pintado a la Virgen tendida de manera descompuesta, con el vientre hinchado y con las piernas descubiertas; todo un sacrilegio.

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